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Este artículo es publicado con permiso de su autor, Dr. Thomas R. Schreiner, y 9Marks. Dr. Schreiner es Profesor James Buchanan Harrison de Interpretación del Nuevo Testamento en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky y es pastor de predicación en Clifton Baptist Church.

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Frecuentemente me preguntan si una mujer puede servir en el ministerio. Mi respuesta es siempre: « ¡bible-bible-study-book-510249Si, claro! Todos los creyentes están llamados a servir y ministrarse unos a otros».

Pero respondería de manera diferente si la pregunta fuera planteada de una forma más precisa: « ¿Existen algunos roles ministeriales en los que las mujeres no pueden servir?» Argumentaría que el Nuevo Testamento claramente enseña que las mujeres no deberían servir como pastoras (lo cual el Nuevo Testamento también llama obispo o ancianos). Está claro en el Nuevo Testamento que los términos pastor, obispo, y anciano se refieren al mismo oficio (véase Hechos 20:17, 28; Tito 1:5, 7; 1 Pedro 5:1-2), y para el resto de este relato utilizaré los términos «anciano» y «pastor» de manera intercambiable para referirme a este oficio. Read the rest of this entry »

Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios de tal manera que los hombres quedan sin excusa, (1) sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de rock-light-sun-night-sunlight-dark-beam-cave-reflection-darkness-sparkling-reflecting-malaysia-shining-sunbeam-flies-kuala-lumpur-su voluntad que es necesario para la salvación; (2) por lo que le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia; (3) y además, para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, (4) por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, (5) y tanto más cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia. (6).

1. Romanos 2:14,15; Romanos 1:19,20; Salmos 19:1-3; Romanos 1:32 y 2:1
2. 1 Corintios 1:21 y 2:13,14.
3. Hebreos 1:1.
4. Lucas 1:3,4; Romanos 15:4; Mateo 4:4,7,10; Isaías 8:19,20; Proverbios 22:14-21.
5. 2 Timoteo 3:15; 2 Pedro 1:19.
6. Hebreos 1:1,2.

Confesio de Fe de Westminster 1.1 (1646)

Although the light of nature, and the works of creation and providence do so far manifest the goodness, wisdom, and power of God, as to leave men unexcusable;[1] yet are they not sufficient to give that knowledge of God, and of His will, which is necessary unto salvation.[2] Therefore it pleased the Lord, at sundry [various] times, and in divers manners [different ways]rock-light-sun-night-sunlight-dark-beam-cave-reflection-darkness-sparkling-reflecting-malaysia-shining-sunbeam-flies-kuala-lumpur-, to reveal Himself, and to declare that His will unto His Church;[3] and afterwards for the better preserving and propagating of the truth, and for the more sure establishment and comfort of the Church against the corruption of the flesh, and the malice of Satan and of the world, to commit the same wholly unto writing;[4] which makes the Holy Scripture to be most necessary;[5] those former ways of God’s revealing His will unto His people being now ceased.[6]

Westminster Confession of Faith 1.1 (1646)

black-and-white-chains“La virulencia del pecado solo se revela por completo cuando llega en contacto con la ley.  Entonces la ley extrae todo tipo de deseo y suelta su furia completa contra el poder que procura dominarla.  Lo que se dice en 1 Corintios 15:56 tambien aplica aqui: ‘el poder del pecado es la ley.’  Sin la ley el pecado no hubiera podido incitar en el hombre tanta resistencia y rebeldia.  Por tanto se puede decir que el pecado enga   ̴a al hombre.  Presentando a la ley como el punto final de toda libertad, de la vida misma, el pecado trae al hombre bajo su poder embrujante.  Le promete las mismas cosas que la ley le aparece negar y asi lo guia a la muerte.”

-Herman Ridderbos (1909-2007)

“The virulence of sin only fully works [itself out] when it comes into contact with the law. Then does the law wring out all manner of desire and release its full fury against the power which seeks to curb it. What is said in 1 Corinthians 15:56 also applies here: ‘The power of sin is the law.’ Without the law sin would not have been able to incite man to such resistance and revolt. Hence it may be said that sin deceives man. By presenting the law as the terminating point of all freedom, of life itself, sin brings man under its bewitching power. It promises him the very things of which the law seems to deprive him and thus leads him to death.”

-Herman Ridderbos (1909-2007)

pulpit-1In our worship, God’s Word is primary. We commit ourselves to reading God’s Word, proclaiming God’s Word, singing God’s Word, and sacramentally observing God’s Word.

We generally devote time to the public reading of holy Scripture, one chapter from the Old Testament and one from the New. This is a tragically neglected element of worship in modern Christianity and one that ought to be central in public worship (Neh. 8, 1 Tim. 4:13).

Our sermons are generally expository, sequentially studying a book of the Bible, verse by verse. This has often been called the practice of lectio continua in the history of the Church. It binds the preacher to study each verse in context, to find the grammatical and historical meaning. It keeps him from the danger of reading into the text what he wants and requires him to speak the whole counsel of God to the people of God. We cannot cheapen God’s Word by ‘cherry picking’ what we like and leaving the rest.

Yet, our afternoon messages are sometimes topical, on practical subjects. Even then, it is our concern to anchor the lesson in the Word of God, that our minds may be shaped by the mind of the Spirit speaking in Scripture.

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untitledUn escultor se sienta en su taburete, con las mangas enrolladas. Se extiende la mano y se afianza del barro, frío, pasivo y sin forma. En el torno, él gira y le da forma al barro, elaborándolo según lo que existe en su ojo mental. Está en control total, experto en su arte. Es el señor del barro, y el producto es completamente suyo.

Todos los escultores humanos no son más que una imagen borrosa, una sombra, de Dios. El es el Escultor Supremo, haciendo los mundos, formándolos según el patrón y uso para que él los ha predeterminado. La Escritura confirma lo que la naturaleza enseña: Dios es soberano, obrando su absoluta voluntad.

Esto se extiende no sólo a la tierra inanimada o al reino animal, porque Dios es también el Escultor del hombre. Tiene un propósito predeterminado para sí, un propósito tal como le gusta. Ahora, mirando los escombros de la historia humana, puede parecer que el propósito ha fracasado. Satanás secuestró el proyecto humano, y Adány Eva quedaron arruinados. Claro está. Pero en el análisis final la voluntad de Dios no puede ser frustrada. Si fuera posible, lo degradaríamos a Dios. Despojado de la omnipotencia, él viviría no como el Formador, sino como el formado. ¡Pero Dios es Dios! “El ha hecho todo lo que le ha gustado.” Adán y Eva, complícitos con el Diablo, abusaron de su libre albedrío, y nosotros en ellos. Además, como sus descendientes, les seguimos. Pero esto no lo sorprendió a Dios. Dios ya desde la eternidad pasada determinó que el hombre cayera en el pecado y la miseria, y hasta esto cumpliría su propósito. “Conocidas de Dios son todas sus obras desde la fundación del mundo.”

Y desde antes de todo tiempo, Dios escogió del barro de la humanidad cierto número de hombres y mujeres todavía no nacidos y no existentes. El determinó formarlos y no otros en vasijas sobre las cuales derramaría merced y gloria eterna. Luego Dios también escogió soberanamente que lo demás de la humanidad fuera designado para la ruina eterna por sus pecados concretos. La vida eterna y la muerte eterna . . . éstas Dios nos las presenta como los dos destinos invisibles para las cuales este mundo no es más que una breve preparación. Algunos irán al cielo, mientras que otros serán hundidos en el infierno. ¿Y por qué? Porque Dios es el Escultor Supremo. Es el Determinador de todo. O, en breve, porque Dios es Dios. “Toda obra del Señor tiene un propósito; ¡hasta el malvado fue hecho para el día del desastre!”

Esto los ofende mucho a los hombres pecaminosos. Pablo, anticipando esta protesta, escribió, “Respondo: ¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? ‘¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”’ ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios? ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto a su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles.”
Ciertamente podemos apretar los dientes, agitar el puño y protestar hasta el último grado. Pero Dios es Dios. El hace lo que le gusta. “Muchos son los invitados, pero pocos los escogidos.” “Tengo clemendia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo.” ” . . . predestinados según el plan de aquél que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad.”

Si usted se enoja ante esto, usted está en peligro. La voluntad de Dios es irresistible. Usted puede echarle la culpa a Dios, pero Dios queda sin culpa. Todos sabemos que Dios no nos hace pecar; no lo hace nadie. Pero usted lucha contra Dios sin ser forzado; usted camina por la ancha senda a la destrucción por su propio libre albedrío.

Pero así como el sol ablanda algunas materias y endurece otras, Dios puede tomar esta doctrina solemne de la predestinación y emplearla para efectuar una respuesta muy distinta. El Señor está siempre ante su banco de trabajo. El usa varias herramientas para su propósito. Y hasta esta herramienta, con sus filas agudas, dentadas, está a su disposición. Quizás aun ahora él está haciéndole a usted humilde. Quizás aun ahora está infundiendo temor y ansiedad espiritual. Quizás hasta ahora usted nunca haya pensado en su destino eterno, y mucho menos la perspectiva horrible del infierno. Pero quizás ahora está pensando en ello. Y ahora usted debe ser salvado.

Clame a Dios. Invoque su nombre. Y haga mano de ese único nombre que él ha otorgado entre los hombres mediante el cual pueden ser salvados, el nombre de Jesucristo.