Jacopo_Bassano_workshop_-_Animals_boarding_the_Noah's_Ark_-_Louvre“Y se arrepintio Jehova de haber hecho hombre en la tierra” (Gen. 6:6).

El arrepentimineto que aqui se atribuye a Dios no pertenece propiamente a el, sino tiene referencia a nuestro entendimiento de el. Pues porque no podemos entenderlo como es, es necesario que para nuestra ayuda, en un sentido, se transforme. Que el arrepentimiento no puede suceder en Dios, aparece facilmente de esta consideracion que nada sucede que es por el inesperado o no previsto. El mismo razonamiento, y comentario, aplica a lo que sigue, que Dios fue afectado por tristeza. Ciertamente Dios no siente pesadumbre o tristeza, pero permanece para siempre como si mismo en su reposo celestial y contento: no obstante, porque de ninguna otra manera se podria saber cuan grande es el odio y la detestacion de Dios para el pecado, el Espiritu se acomoda a nuestra capacidad. Por tanto, no hay necesidad de involucrarnos en preguntas dificiles y espinosas, cuando es obvio a que fin se emplean estas palabras de arrepentimiento y dolor; lo que es, para enseñarnos que desde el tiempo en que al hombre fue tan grandemente corrompido, Dios no lo contaba entre sus criaturas; como si dijera, ‘Esta no es mi maniobra; este no es el hombre que forme en mi propia imagen, y a quien adorne con tales dones excelentes: no me digno ahora reconocer esta degenerada y contaminada criatura como mia.’ Semejante a esto es lo que dice, en el segundo lugar, acerca del dolor; que Dios estuvo tan ofendido por la impiedad atroz del hombre, como si hubiesen herido su corazon con angustia mortal: Hay aqui, por lo tanto, un antitesis inexpresado entre esa naturaleza justa que habia sido creada por Dios, y la corrupcion que broto del pecado. En lo mientras, a menos de que queremos provocar a Dios, y causarle dolor, aprendamos aborrecer y huir del pecado. Ademas, esa bondad y ternura paternal debe de, en forma no leve, sojuzgar en nosotros el amor al pecado; puesto que Dios, para mas efectualmente penetrar nuestros corazones, se viste de nuestros afectos. Esta figura, que representa a Dios como transferiendo a si mismo lo que pertenece a la naturaleza humana, se llama anthropopatheia.

Juan Calvino (1509-1564)